La Laguna de Venecia y sus islas, Murano - Burano - Torcello

Entre los muchos tesoros de la ciudad de Venecia, existe uno para descubrir con especial atención: es el de la laguna, un patrimonio histórico-naturalístico, pero también humano, de gran valor. Para Venecia, la laguna es como una madre, elemento líquido primordial que la ha generado en los tiempos, protegida (de la fuerza del mar, de las invasiones de los bárbaros y de los turcos, etc.) y que la ha hecho tan única en su estructura.

 

Es inútil decir que una experiencia en la laguna veneciana, incluso la más breve, se trasforme en un salto en el pasado, en una búsqueda de aquel famoso "tiempo perdido" que nos conduce a los orígenes y a los valores esenciales de la vida. Según el tiempo a disposición se puede escoger con gran elasticidad, el itinerario preferido (dada la frecuencia de los medios públicos de conexión).  A continuación, algunas breves notas al respecto, recordando que los principales itinerarios  (por lo menos por lo que se refiere a la laguna norte) parten del embarcadero de las Fondamenta Nuove.

 

MURANO. Es quizá la más famosa de las islas de la laguna de Venecia. En ella se concentra la industria del vidrio, un arte tradicionalmente pasado de padres a hijos. Inevitable, pues, una visita  a los famosos hornos, a la basílica de San Donato (contemporánea a la de la plaza de San Marcos) y, naturalmente, al importante museo del Vidrio: se llega en tan sólo 15 minutos.

 

BURANO. A unos treinta minutos de distancia de la anterior, es todavía hoy, junto con Pellestrina, un activo centro de pescadores. Con Torcello forma el itinerario más clásico por las islas del  estuario. Aquí el visitante encontrará uno de los ambientes más típicos de la laguna de Venecia, tanto por el lado humano como por el urbanístico. El encaje de Burano permitirá descubrir los secretos y las maravillas “del encaje más noble y más italiano”. Burano es también la  isla preferida por los pintores gracias a sus  pequeñas casas pintadas con vivos colores suspendidas entre el azul del cielo y el verde de la laguna.
Disponiendo de un poco de tiempo, desde la plaza principal se puede llegar (vía agua) a  la sugestiva isla de San Francesco del Deserto poco distante e inmersa en una densa mancha de cipreses. Allí los frailes franciscanos acompañarán al huésped a visitar el antiguo monasterio y la pequeña iglesia fundada, se dice, por el santo de Asís.

 

TORCELLO. Aislada entre las bancos de limo desiertos, queda a diez minutos de navegación de Burano. Es la antigua capital de la laguna de Venecia. Hasta el siglo XVI  fue uno de los primeros y más florecientes centros habitados de la laguna. Ahora, para recordar una época ya lejana, quedan dos joyas: la antiquísima catedral y la iglesia de Santa Fosca (extraordinarias por su valor histórico y contenido artístico). Se pueden ver también el museo del Estuario con notables restos arqueológicos (cerrado los lunes); el puente del Diablo (parece que sea el más antiguo de la laguna);  el legendario trono de Atila; y el austero torreón medieval, desde donde se puede contemplar uno de los más bellos panoramas de la laguna.